Aina tenía una pregunta que no la dejaba dormir.
—Mamá, ¿dónde está el mercado?
—¿Qué mercado? —preguntó su madre, dejando el ordenador a un lado.
—El que dices siempre en tus reuniones. “El mercado no responde”, “hay que estudiar el mercado”, “vamos a lanzar al mercado”. ¡Yo nunca lo he visto!
Su madre sonrió. Sabía que esa conversación iba a llegar tarde o temprano.
—¿Quieres verlo? Ven, ponte los zapatos. Vamos a buscarlo.
Salieron de casa y caminaron por el barrio. Llegaron primero a la frutería.
—Este —dijo su madre— es un trocito del mercado de bienes y servicios. Aquí compras manzanas (bien) y también puedes pedir que te las traigan a casa (servicio).
—Pero esto ya lo conocía.
—Es que el mercado no es un lugar con techo. Es un conjunto de personas, negocios y cosas que se intercambian. Como un gran baile donde cada uno tiene un papel.
Más adelante pasaron por un banco.
—Y aquí entra el otro tipo de mercado: el financiero. No venden manzanas, sino dinero. La gente viene a guardar, pedir prestado o invertir. No se ve, pero mueve muchas cosas.
Aina frunció el ceño.
—Parece más complicado.
—Lo es. Pero es parte del mapa.
En la plaza, había un pequeño mercado de agricultores.
—¿Ves ese señor que vende miel? Tiene colmenas. Pertenece al sector primario, porque trabaja con la naturaleza.
Ese otro de al lado hace pan. Él transforma la harina en algo nuevo: está en el sector secundario.
Y la señora del puesto de lotería, que no fabrica nada pero da un servicio, está en el sector terciario.
Aina lo apuntaba todo mentalmente. Ya no eran palabras sueltas, empezaban a tener sentido.
—Entonces… ¿el mercado es como un mundo con distintas zonas?
—Exacto. Y hay otro detalle. Mira ese camión que descarga cajas. Es de una empresa que fabrica zumos y se los trae al bar. Eso es un trato entre empresas: se llama B2B.
—¿Y cuando el bar me vende un zumo a mí?
—Eso es B2C. De empresa a cliente. Como cuando tú vendías pulseras en el cole.
Aina se rió. Aquella tarde, al volver a casa, sacó sus lápices de colores y dibujó el mapa del mercado: árboles, fábricas, tiendas, bancos, flechas, carritos y personas hablando entre ellas.
—Ahora sí —pensó—. Ya sé dónde está el mercado. No sale en los mapas de papel… pero lo tenemos todo alrededor.
Y esa noche, soñó con un país donde todos los sectores se ayudaban, y los mercados eran caminos para mejorar el mundo.
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